Periódicos, revistas y webs

Escribo opiniones periódicas, dónde comento las diferencias que aún hoy me sorprenden entre Vic, Barcelona, dónde nací y crecí, y Massachusetts, donde actualmente resido. Escribo poesías cortas, que sirven para ilustrar con palabras mis pensamientos más íntimos.

Una pequeña recopilación de mis relatos

Escritos que sirven para ilustrar con palabras mis pensamientos
Medicamentos televisivos

En mi tierra madre, los interruptores de mi casa no se parecen a los que salen en Stranger Things, los paquetes de cereales no son los mismos que los que se comen en Big Bang theory, ni las capuchas son las mismas que las de Mr. Robot.


Pero en Massachusetts sí. Aquí veo que muchos de los enseres que utilizo en mi día a día salen en la tele. Y aún hoy no deja de sorprenderme este hecho.


¡Incluso he llegado a familiarizarme con los medicamentos! Mi doctor me recetó unos antibióticos y me dirigí a la farmacia a recogerlos. Me los entregaron en aquella botellita de plástico anaranjado transparente, de tapón blanco, que me hizo soñar que yo era House, en plan chulo, tomándome mi vicodina particular, mientras salvaba a un paciente de una muerte segura, gracias a mi inteligencia superior. Pero luego despertaba de mi ensoñación, y arremetía contra la realidad, que no era otra que tomarme unos antibióticos que me quitarían unos mocos y dolores de garganta, mientras regañaba a mis hijos porqué acababa de tropezar con un Lego perdido en el suelo.


¡Ay, dura realidad!

Yo ya soy de aquí

Pongámonos en situación:


Massachusetts, invierno. Temperaturas de cero grados centígrados por la mañana (32 F). Si, ciertamente no son las temperaturas a las que estábamos acostumbrados años atrás, donde los números negativos reinaban en el termómetro. Pero aún así, cero grados centígrados es frío. Para cualquier mortal. En cualquier parte del mundo.


Mi pequeño que ya no es tan pequeño, pregunta la temperatura a Alexa, y esta le responde que hoy estaremos entre los treinta y los cincuenta grados Fahrenheit (oséase, entre los cero (0) y los diez (10) grados centígrados). Y muy convencido, mi pequeño y yo tenemos la conversación que sigue:


Pequeño: Mamá, hoy hará calor, voy a ponerme pantalones cortos.

Yo: ¡Ni lo sueñes, estamos a temperaturas casi negativas!

Pequeño: ¡Pero vamos a llegar a cincuenta!

Yo: ¡Esto es frío!

Pequeño: Mamá, yo ya soy de aquí, y me he acostumbrado al frío. No lo siento. Tengo calor a cincuenta.

Después de este tira y afloja, no voy a reproducir la conversación que tuvimos a decibelos más elevados, pero debo decir que mi hijo se fué a la escuela con pantalones largos, camiseta de su equipo de fútbol preferido, una chaqueta de invierno y una cara de enfado que si hubiese tenido el poder de lanzarme un rayo, yo ya no estaría escribiendo éstas líneas.


Al llegar al trabajo, cruzando el pasillo con mi compañero café inseparable, veo a un hombre mayor (de mi edad), de la siguiente guisa:

- chaqueta de entretiempo,

- gorra de los Patriots,

- pantalones cortos,

- calcetines,

- flip flops.


En aquel instante me dí cuenta que mi hijo, quizá sí, sienta que su temperatura corporal está perfectamente cohesionada con las temperaturas de Massachusetts.

Yo, por si acaso, continuaré habitando un cuerpo mucho más friolero.

EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS ACTIVIDADES EXTRAESCOLARES

¿Cómo puede una aburrirse cuando se trata de planificar las actividades extraescolares de los churumbeles en Massachusetts?


Nada, nada, a organizar.


Veamos, uno quiere ser futbolista de los que chutan la pelota, cuando sea mayor, con lo cual es bueno que lo apunte a soccer. Busco los clubes cerca de casa y, ¡Oh, maravilla! Todos los espacios están ocupados, ¡Mi hijo no tiene ni un sitio libre para entrenar fútbol durante los meses de otoño!


Desolada, le comento en voz bajita que he intentado apuntarlo a clases, pero como no lo he hecho en las fechas requeridas, no queda sitio libre.


"No pasa nada, mamá", me suelta mi gaznapiro preferido, a lo que yo proceso que su deseo de ser futbolista profesional está bajando en intensidad.


Bueno, paso siguiente, el otro quiere entrenar de tiro al arco. El problema es que no hay clases en los alrededores, con lo cual, deberíamos desplazarnos en horas punta hacia el sud de Massachusetts, para asistir a una media hora de clase, y claro, tampoco es plan conducir más de tres horas para tan poco tiempo.


"No pasa nada, mamá", me dice mi otro gaznapiro preferido, cuando le comento la imposibilidad de su asistencia a clase.


Y yo, con la moral por los suelos, sintiéndome la peor madre del mundo, veo como mis hijos se hacen mayores y comprenden que su madre y su padre hacen todo lo posible por ellos, pero que cuando no puede ser, no puede ser.

Espera... ¿Puede que quizás les importen un rábano las extraescolares y prefieran quedarse en casa delante del ordenador jugando a Minecraft con los amigos? ¡Nooooooooo! ¡Imposible!

 
UN ASCENSOR DE NEW YORK

Tres horas y media en coche separan las ciudades de Boston y New York.

Aprovechando esta casuística, decidimos aprovechar las vacaciones del Labor Day para visitar la ciudad más famosa del mundo.


Mansos como somos a los consejos de booking, para pasar un par de noches escogimos un pequeño hotel de una cadena hotelera importante, situado en Hell's kitchen, en la zona oeste de Manhattan.


La habitación era pequeña pero correcta. Pero quiero hacer hincapié en lo que más me impresionó del edificio: ¡el ascensor!


¡Ríanse, señoras y señores, de la pequeña habitación de los hermanos Marx, donde gente en blanco y negro se apilaba uno encima de la otra en pocos metros cuadrados!

¡Olvídense de un coche pequeño donde cabían multitud de muchachos, estrujados como papel!


¡Síiiii!

¡El ascensor que nosotros teníamos en el centro de Manhattan (bueno, el único de los dos que funcionaba en el hotel), podía contener casi tanta gente como los habitantes de un pequeño país!


¡Y la aventura para meterte dentro, necesitaba altas dosis de paciencia!


Recuerdo que mi marido y uno de mis churumbeles acabaran el desayuna antes que mi otro churumbel y yo misma, con lo cual se decidieron a tomar el ascensor para dirigirse a la habitación. Al cabo de unos cinco minutos, mi peque y yo seguimos su camino. Pedimos el ascensor, esperamos un buen rato y, cuando las puertas se abrieron, encontramos a una multitud de gente dentro del pequeño cubículo. Todos nos miraban con cara de aprensión, medio sudorosos, y deseando no haber tomado jamás de los jamases la maldita máquina subidora y bajadora. Pero nosotros decidimos ser unos valientes y estrujarnos junto con los otros casi ya habitantes de tan endiablado artefacto. Subimos hasta el piso de donde se ubicaba nuestra habitación, yo conteniéndome la risa pero intentando no respirar el olor corporal de los que se hallaban allí enclaustrados hacía ya demasiado tiempo. En una de las paradas, cuando se abrieron las puertas y la gente que esperaba fuera nos miraba con ojos que casi les salían de las órbitas, pude escuchar como una mujer decía en voz alta:


¡Aquí no cabe nadie mas!

¡Síiiiiiii!

Una americana decía la verdad, aunque con ello pudiera herir los sentimientos de unos terceros a quienes nadie conocía.

¡Síiiiii!

¡El ascensor apretujado había obrado el milagro de la verdad!¡Aquello era una tortura!


Finalmente, llegamos a nuestro piso. Mi peque y yo salimos de tan endiablado artefacto y, asombrados, comprobamos que mi marido y mi mayor también habían estado dentro del ascensor todo el rato, subiendo y bajando las alturas del que, por suerte, era un hotelito con no más de doce pisos de altura.

Y es que en New York, lo imprevisto puede ser la tónica de cada día.

¿Alguien da más?

I LOVE YOUR SHOES

Era hace tiempo ya. Acabábamos de aterrizar en tierras americanas, y paseábamos medio despistados por las calles de una pequeña gran ciudad. De pronto, una mujer que también circulaba por la calle, pero en sentido contrario a nosotros, me mira a la cara, sonriente, y me dice:


I like your shoes!

Yo no supe qué contestarle y continué transitando por la calle. Pero para mis adentros pensé que qué quería esa mujer, porqué se dirigía a mi sin conocerme, y cómo osaba criticar, aunque fuera positivamente, alguna pieza de mi vestuario.


Como el tiempo todo lo pone en su lugar, he aprendido a familiarizarme con este tipo de expresiones espontáneas. Una sonrisa mientras cruzo la calle, o un saludo cuando camino por unos de los pasillos de mi lugar de trabajo. Sin conocernos de nada. Siendo la primera vez que intercambiamos miradas. Una alusión positiva del día, del tiempo, del jersey que llevo puesto, o de los pendientes que he estrenado.


Los americanos son amables, afables diría yo, y, poco a poco, he ido absorbiendo esa amabilidad hasta convertirla en un poco mía.


Hoy mismo, me he sorprendido, diciendo a una mujer sentada en un banco de un pasillo:


I like your shoes!

DIFERENCIAS RECONCILIABLES

Me encanta observar a la gente cuando estoy sentada en el autobús o en el metro. Y gracias a los teléfonos móviles que nos emperramos en mantener permanentemente en nuestro campo de visión, puedo asegurar que nadie se siente amenazado por el hecho de que yo lo analice visualmente.


Me gusta comprobar que todos más o menos tenemos cara de dormidos a primera hora de la mañana, y de cansados por la tarde, después de la jornada laboral. Me gusta observar la cara de tontos que nos queda a la mayoría cuando observamos a un bebé de pocos meses acurrucado en su cochecito y vigilado de cerca por su orgullosa mamá. Y las caras de bobalicones de una pareja con más de cuarenta por barba, besuqueándose y totalmente ajenos a las miradas de sus vecinos de transporte. Y a la señora mayor que me mira bondadosa, mientras yo le devuelvo una mirada tímida y aparto la vista. Y a esa chica que no para de dibujar bocetos en su cuaderno y que se baja en la parada del College of Arts de Boston. Y la de aquellos dos amigos que se cuentan sus logros en el trabajo, ansiosos por hacerlo bien.


Me gusta observar a la gente. Siempre me ha gustado. Soy una mirada indiscreta que se cierra cuando me atrapan in fraganti.


Considero que los metros de las grandes ciudades cosmopolitas son un centro de diversidad cultural extraordinaria, y me gusta entrometerme por unos segundos en los gestos de mis compañeros momentáneos de trayecto.

Estos días, he llegado a una conclusión:


la tecnología nos une, y la ropa y los accesorios nos define nuestras diferencias culturales. Me explico. La gente toma el autobús o el metro enfundados en unos auriculares Bose, o Sony, y mirando la pantalla de su Apple, o Huawei sin parar. Da igual si su tez es blanca, o rosada, o marrón. Da igual si son mayores, o jóvenes. Todos usamos los mismos artilugios electrónicos que nos evaden de la realidad y nos transportan a unas canciones o a unas vistas más placenteras. Pero si observamos la ropa, podremos comprobar que ésta define mucho más una nacionalidad, sea heredada o no. Por ejemplo, los indios usan colores vistosos y joyas doradas; las mujeres chinas usan pamelas con frecuencia, para protegerse de la luz solar nociva, y prendas de ganchillo, sean armillas o la bajera de los pantalones. Los europeos del este son sobrios y gastan colores grises. Los norteamericanos tienden a usar ropa extremadamente cómoda sin importar que la selección de la parte de abajo y de arriba concuerde visualmente.


Me gusta este mezcla homogenia, o esta heterogeneidad simplificada.

Me gusta observar a las personas. Me gusta encontrar diferencias. Y similitudes.


 
CRUCERO GRATIS

Tengo por costumbre no descolgar el teléfono de números desconocidos, porque hay mucha publicidad que intenta venderte cualquier ganga a mitad de precio, pero hoy estaba desprevenida y he descolgado. Aquí va la transcripción traducida (versión mía sui generis, por supuesto):

 

Voz de muchacha alegre y decidida: "Buenos días, le llamamos para informarle que acaba de ganar un crucero DE LUJO gratis para tres personas, con todos los gastos pagados. Lo único que necesitamos de usted a cambio es que hable bien de dicho crucero con sus familiares y amigos. Supongo que es una oferta que no querrá rechazar, ¿Verdad?

 

Yo: No estoy interesada.

 

Voz de muchacha alegre y decidida: ¡Perfecto! Pues déjeme darle la enhorabuena por su participación en esta maravilla. Voy a hacerle unas preguntas para ver si califica para dicho premio.

 

Yo: Lo siento, no estoy interesada en este ni en ningún tipo de premio y....

 

Voz de muchacha alegre y decidida: Entienda que este es un premio único para usted, porque se lo ha ganado y...

 

Yo (para mis adentros): Pues yo sólo veo dos posibilidades. La primera es que hayan puesto a una chica sorda para comunicar un premio cojonudo, y así evitarse los gritos de euforia de todos los ganadores. La segunda opción es que hayan colocado una máquina que va repitiendo unos mensajes, dando por supuesto que los receptores son gilipollas y recibirán con entusiasmo el premio, celebrándolo con alegría infinita. Me decanto por la segunda opción, aunque parecía una voz tan real y bonita, que hasta me hubiera gustado, poder ser amiga de la susodicha.

 

Continúo escuchando su verborrea incesante unos segunditos más, para no ser descortés, e intentar colocar, entre sus líneas, mi negativa a recibir un premio de un crucero de lujo sin yo haber participado jamás de los jamases en ninguna rifa. Pues no, la muchachita de marras no calla y yo, con todo el dolor de mi corazón, sin poder despedirme de la voz celestial, aunque demasiado acelerada, aprieto el botón rojo de mi teléfono.

 

Y sintiéndome una Vivien Leigh cualquiera, alzo el puño el cielo, y, con voz hollywoodiense, juro a quien pueda escucharme que nunca más volveré a descolgar el teléfono de un número desconocido.

Mis colaboraciones

Revista “Barçakids”
Invento 101143 la chaqueta de mariposas.

Cuentos publicados en revistas infantiles. Cuentos que despiertan la imaginación, que te transportan hacia mundos imaginarios, que descubres con una sonrisa en la boca

http://fcbkids.cat/ca

Periódico “El 9nou”

Escribo opiniones periódicas, comentando las diferencias entre Vic, Barcelona, mi tierra natal y Massachusetts, donde actualmente resido y que a día de hoy aún me sorprenden.

https://el9nou.cat/

 

 

 

Narraciones y poesia 
Plataformas digitales

Escritos y poesías cortas, que sirven para ilustrar con palabras mis sensaciones sobre mi misma y sobre los demás.

http://www.aixeta.cat

 

Mis proyectos web
Blogs 

www.lamevaiaiaroser.blogspot.com

Recuerdos de momentos con mi abuela, que ella olvidó por culpa del alzhéimer.

www.mamaenmassachusetts.blogspot.com

Relatos sobre mis experiencias de mamá expatriada al otro lado del océano

www.lilybeliever.wordpress.com

Tres muchachas mágicas nacidas dentro de un nenúfar. ¿Qué puede sucederles?

Visitas a los colegios

En las clases de niños y niñas entre cinco y once años, junto con sus profesores, hablo sobre cómo es el proceso de escritura, y les cuento cuentos escritos por mi.

¿Dónde? 
– Memorial Elementary School, Natick MA. 
– Waltham Dual Language School, Waltham MA.
– British International School of the University of Lodz, Poland.
– Seacrest studio del Boston Children’s Hospital.
Dover-Sherborn Regional Middle School, MA.

Entrevistas y artículos

Sant Jordi
Diario Ara
– Sección “Criatures”. Confinados en família. Celebremos Sant Jordi.

https://criatures.ara.cat/lectura/

Recomendación de mis audiocuentos en dicho artículo del periódico ara.cat , como una buena opción para pasar un Sant Jordi confinado.

La Vanguardia
– Relatos de Sant Jordi des de casa

La mayoría de los numerosos relatos que comparten los lectores de la Vanguardia tienen como fondo el confinamiento y los efectos de la pandemia del Covid-19.

https://www.lavanguardia.com/

 

Bay area catalan network 
Bay Area & Nord Califòrnia.

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Cómo pasé a ser escritora? Entrevistas, confesiones y curiosidades que cuento a quién quiera escucharme… ¡O leerme!

https://www.catalansbayarea.com/post/roser-rovira-qu%C3%ADmica-escriptora-de-novel-les-contes-infantiles-narradora-d-audiocontes

Artículo “El 9nou”
La iaia no recuerda (casi) nada.

Mi relación con el alzhéimer, la enfermedad que me robó a mi abuela, de quién tanto aprendí, que lo olvidó todo y a la que recuerdo cada día.

https://el9nou.cat

Escribo sobre trocitos de mi, o de mi entorno. Pedazos de pensamientos, recuerdos o sensaciones.

Premios

VIII concurso del dia del libro y de la rosa
Mención de honor en la categoría de Relato personal.

Mención de honor en la categoria de relato personal en el VIII concurso del dia del libro y de la rosa del Casal Català de Quito, por la obra “Maria i Robert”.

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